Sabor a sal

Te escucho, mar. Ese eco que viene quién sabe de dónde; desde la lejanía de siglos. Escucho tu espuma, espumarse. A tus piedras y caracoles, danzar en lo hondo. A tu claridad teñirse de peces.

Te escucho, mar. En la suavidad de la arena húmeda y fresca. En el oleaje de tu atardecer.

Después de tantos años, he venido a visitarte. Con el recuerdo de tu sal abrasando mi boca.

Y me has ofrendado la simple maravilla de tu profundidad, la luz de este hermoso día.

Mochima, 17 de enero 2014

(Texto tomado de mi bitácora de viaje a Venezuela. 2014)