Aves Migratorias

Aves Migratorias

La comida como conexión entre nuestras raíces y nuestro presente como inmigrantes
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Extranjero paladar: el presente.

Los que emigramos lo hacemos en diferentes condiciones y contextos y son innumerables los motivos por los cuales decidimos emigrar, sin embargo en todos es común una búsqueda persistente de mejorar la calidad de vida. La propia y la de nuestros afectos.

 

Cuando una persona toma la decisión de emigrar, inmediatamente el corazón se llena de agua. Un océano lacrimal se congrega como epicentro de todas las emociones. Y entonces, aún sin haber dejado nuestra tierra, hemos emprendido el viaje. Ese viaje que cuidadosamente tejeremos como una red que sostendrá nuestra nueva vida.

 

Poquísimos emigran junto a sus seres queridos. Casi ninguno emigra junto a todas sus pertenencias. Tras nosotros se quedan grandes amores que nunca más volveremos a ver y sentir (ni siquiera aún volviendo tiempo después a nuestra tierra de origen), nuestras familias, nuestros amigos, nuestros afectos primarios, vitales. Nuestras ciudades, paisajes imborrables de esa vida que una vez vivimos y que ya solo nos acompañará a través de los recuerdos.

 

Hay ciertos gustos que se adquieren con la edad, con el tiempo. Sin embargo, cuando se trata de la sazón tradicional de nuestros platos autóctonos, el gusto más bien se adquiere prácticamente al nacer. Por eso buscamos algún oasis donde se repliquen esos recuerdos gustativos, donde el paladar encuentre sosiego en medio del desarraigo.

 

Cuando le preguntes a un inmigrante cuál es su mayor nostalgia como extranjero, pocos dudarán en responder: “la comida de mi país”. Por eso, si quieres conocer la historia de vida de una persona, entra primero en su cocina, prueba su sazón; pues es así que la cocina es el alma de los hogares, el lugar dónde todo es posible, sobre todo la alegría. Y la memoria.

 

Sobre ello habla Aves Migratorias, este proyecto personal fotográfico.

 

Sobre los que hemos decidido cambiar de hábitat trayendo con nosotros nuestra íntima memoria gustativa, adoptando a Rosario y su universo gastronómico particular como nuevo hogar y adaptando las costumbres y rituales culinarios propios de nuestras culturas a esta ciudad.

 

Habla de la cultura gastronómica como identidad, de las circunstancias de la emigración y los viajes que llevamos no sólo marcados en los pasaportes, sino también en el alma. Y en el paladar.

 

Andrea Salerno Jácome


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India

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